Oración
Oración para comenzar
Señor Jesús, detengo un momento mi día para escucharte. Tú tienes palabras de vida eterna.
Abre mis oídos y mi corazón, para que tu Palabra no caiga en tierra dura, sino que dé fruto en mi vida. Amén.
Amén.
Detente un momento. Dios quiere hablar contigo.
Oración
Señor Jesús, detengo un momento mi día para escucharte. Tú tienes palabras de vida eterna.
Abre mis oídos y mi corazón, para que tu Palabra no caiga en tierra dura, sino que dé fruto en mi vida. Amén.
Amén.
Primera lectura
Ef 4, 1-6
Hermanos: Yo, el prisionero por el Señor, los exhorto a que vivan de una manera digna de la vocación a la que han sido llamados, con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándose unos a otros por amor.
Esfuércense en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como también fueron llamados a una sola esperanza, la de su vocación.
Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo; un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, actúa por todos y habita en todos.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial
R. Este es el grupo que busca tu rostro, Señor.
Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes: él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos.
R. Este es el grupo que busca tu rostro, Señor.
¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos.
R. Este es el grupo que busca tu rostro, Señor.
Ese recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación. Este es el grupo que busca al Señor, que viene a tu presencia, Dios de Jacob.
R. Este es el grupo que busca tu rostro, Señor.
Evangelio
Jn 18, 1-11
Dicho esto, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto; y entraron en él, él y sus discípulos.
Judas, el traidor, conocía también el lugar, porque Jesús se había reunido allí muchas veces con sus discípulos.
Judas entonces, tomando una cohorte y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, se fue allá con linternas, antorchas y armas.
Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó y les dijo: «¿A quién buscan?». Le respondieron: «A Jesús el Nazareno». Él les dijo: «Yo soy».
Cuando les dijo «Yo soy», retrocedieron y cayeron en tierra. Les preguntó de nuevo: «¿A quién buscan?». Le contestaron: «A Jesús el Nazareno». Respondió Jesús: «Ya les he dicho que yo soy; así que, si me buscan a mí, dejen marchar a estos».
Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Jesús dijo a Pedro: «Vuelve la espada a la vaina. La copa que me ha dado el Padre, ¿no la voy a beber?».
Palabra del Señor.