La Anunciación
María responde con fe al llamado de Dios.
Lc 1, 26-38 Fruto: Humildad
El Santo Rosario, un encuentro de amor y oración.
Rosario de hoy
Miércoles y domingo
Celebra la victoria de Jesús y la esperanza de la vida eterna.
Misterios Gozosos · Lunes y sábado
María responde con fe al llamado de Dios.
Lc 1, 26-38 Fruto: Humildad
María lleva a Jesús a su prima Isabel.
Lc 1, 39-56 Fruto: Caridad
Dios se hace niño en Belén.
Lc 2, 1-20 Fruto: Pobreza de espíritu
Simeón reconoce la luz de las naciones.
Lc 2, 22-38 Fruto: Obediencia
«¿No sabían que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?»
Lc 2, 41-52 Fruto: Búsqueda de Dios
Misterios Dolorosos · Martes y viernes
«No se haga mi voluntad, sino la tuya.»
Mc 14, 32-42 Fruto: Dolor por los pecados
Jesús es azotado por nuestra salvación.
Jn 19, 1 Fruto: Pureza
El Rey humillado por amor.
Mt 27, 27-31 Fruto: Valentía
Camino del Calvario.
Lc 23, 26-32 Fruto: Paciencia
«Todo está cumplido.»
Lc 23, 33-46 Fruto: Perseverancia
Misterios Gloriosos · Miércoles y domingo
«No está aquí, ha resucitado.»
Mt 28, 1-10 Fruto: Fe
Jesús sube al cielo y nos envía.
Hch 1, 6-11 Fruto: Esperanza
Pentecostés: nace la Iglesia.
Hch 2, 1-13 Fruto: Amor de Dios
María es llevada al cielo en cuerpo y alma.
Ap 12, 1 Fruto: Devoción a María
Reina del cielo y de la tierra.
Ap 12, 1 Fruto: Perseverancia final
Misterios Luminosos · Jueves
«Este es mi Hijo amado.»
Mt 3, 13-17 Fruto: Apertura al Espíritu
«Hagan lo que él les diga.»
Jn 2, 1-12 Fruto: Confianza en María
«Conviértanse y crean en el Evangelio.»
Mc 1, 14-15 Fruto: Conversión
Su rostro brilló como el sol.
Lc 9, 28-36 Fruto: Deseo de santidad
«Esto es mi Cuerpo.»
Mt 26, 26-29 Fruto: Adoración
Comienza tomando el crucifijo: haz la señal de la cruz y reza el Credo.
En la primera cuenta grande reza el Padre nuestro; en las tres pequeñas, tres Avemarías por la fe, la esperanza y la caridad. Luego un Gloria.
Nombra el misterio que vas a meditar y lee brevemente el pasaje del Evangelio.
Reza un Padre nuestro, diez Avemarías meditando el misterio, un Gloria y la jaculatoria. Repite con los cinco misterios.
Termina con la Salve, las letanías si lo deseas, y la señal de la cruz.
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.